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La salud a través del agua

El agua se utiliza como agente terapéutico desde las primeras civilizaciones. Sin embargo, la época de gran esplendor de la hidroterapia fue el siglo XX, cuando confluyeron factores sociales y científicos que le dieron un impulso definitivo.

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Los estudios de medicina ayudaron a mejorar las técnicas, la comprensión del funcionamiento del cuerpo humano y la mejora en los diagnósticos.

Mecanismos de acción de la cura a través del agua.

A nivel físico. Aplicando agua por debajo de los 34ºC se obtiene una reacción vasoconstrictora con efectos estimulantes. Por encima de los 36ºC, la reacción es vasodilatadora, con efectos sedantes y analgésicos. Si la aplicación es de larga duración, se produce una capilarización, es decir, se abren territorios capilares que permanecen habitualmente cerrados con el consiguiente aumento del trofismo.

Por otro lado, según el principio de Arquímedes, todo cuerpo sumergido en un liquido experimenta un empuje hacia arriba igual al peso del volumen de liquido desalojado. Esta fuerza de empuje depende del nivel de inmersión pudiendo alcanzarse reducciones de hasta un 90% sobre el peso corporal normal si la inmersión es hasta el cuello. Por ello, la introducción en una piscina puede devolver la capacidad de movimiento perdida al reducirse el peso del segmento a tratar.

Si la actividad muscular se conserva, aunque sólo sea parcialmente, el paciente puede realizar movimientos en el agua que no le son permitidos fuera. Este principio de flotación no sólo facilita la movilidad en casos de debilidad muscular sino que permite la funcionalidad articular sin apenas sobrecarga.

A nivel químico. A la propia acción del agua minero-medicinal (MM) como tal, se incorpora la acción de los elementos disueltos en ella. Así, cada agua tiene los efectos propios de sus factores mineralizantes.

La absorción de estos minerales es clara cuando la vía de administración es la vía oral, pero también se ha constatado una absorción vía tópica al aplicar el agua en balneación (en forma de baños), cifrándose esta cantidad en 20-40 gr./m2 de superficie corporal y hora de inmersión, según estudios de Drexel y de Dubarry, entre otros.

Cada tipo de agua tiene unas acciones y unas indicaciones determinadas, en función del predominio de uno u otro mineral:
  • Las aguas cloruradas tienen una acción general estimulante de funciones orgánicas, como la secreción clorhídrica, motilidad gástrica, biliar e intestinal, acción fluidificante de la bilis, etc.
  • Las aguas sulfatadas tienen como acción purgante (a partir de 3 gr. de ión sulfato) y colagoga (relajando el esfínter de Oddi), estimula la actividad enzimática en la célula hepática, etc.
  • Las aguas sulfuradas tienen acción antinflamatoria, probablemente de origen inmunológico, y desensibilizante, mejorando la respuesta anafiláctica. También presentan acción ligeramente hipoglucemiante (al potenciar la acción insulínica), mucolítica y protectora del hepatocito (por efecto directo del componente azufrado). Las ferruginosas presentan acción antianémica y reconstituyente; las radioactivas, acción sedante y analgésica; y las oligometálicas, importantes efectos diuréticos.
  • A nivel psíquico. Cuando para hacer la cura hay pernoctar en un centro, aparece el factor psíquico, que también influye en el éxito de la cura. La tranquilidad del lugar donde habitualmente se ubican los establecimientos balnearios, con el complemento de los paseos al aire libre, el contacto con personas que padecen la misma patología o la correcta regulación del ejercicio y el reposo, son factores que influyen positivamente en el tratamiento.
Fuente: Antonio Freire Magariños

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