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¿Piscina o Spa?

Con la actual reducción del tamaño de las parcelas disponibles, las casas, chalets, etc, en muchos casos los propietarios se encuentran con el dilema de qué hacer con dicho espacio, surgiendo el dilema entre elegir una piscina o un spa para ocupar la parcela.

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La decisión no es fácil ya que las expectativas de cada persona son diferentes. Lo que sí tenemos que tener claro es que se trata de dos filosofías básicamente distintas. En nuestra opinión se trata de una filosofía principalmente lúdica (la piscina), frente a una filosofía que llamaremos “de relax” o wellness (el spa).

Tanto una alternativa como otra presentan opciones portátiles y fijas; ya sean piscinas o spas elevados, hinchables, portátiles…, o piscinas o spas enterrados, de obra, a medida….

Cierto es que diversos fabricantes ya ofrecen lo que se ha dado en llamar “piscinas spa”, piscinas de reducido tamaño, con spa incorporado, incluso con opción de accesorios para entrenamiento acuático en la misma piscina, pero en esta ocasión vamos a centrarnos en aquellos casos en los que por espacio, temas económicos o cualquier otro aspecto, se ven obligados a elegir entre una de las dos opciones.

Está claro que por lo general una piscina no puede ofrecer lo mismo que un spa, y viceversa (A no ser que como decíamos anteriormente busquemos en una piscina, un mix de ambos conceptos, con el consiguiente encarecimiento, tanto de ejecución como de mantenimiento).

Una de las diferencias fundamentales entre una piscina y un spa, suele ser la temperatura del agua. Por lo general, el spa que va más dirigido a un uso terapéutico, tiene el agua a unas temperaturas elevadas que no suelen bajar de los 32-34ºC. Por el contrario, una piscina para un uso habitual de temporada, habitualmente suele ser recomendable que tenga una temperatura entre los 26 y los 28ºC (temperaturas habituales en piscinas climatizadas o cubiertas). El tener más temperatura implica un mayor gasto energético, así como un mayor y más rápido deterioro del agua de la piscina. Éste es uno de los aspectos más a tener en cuenta, si lo que buscamos es agua a temperaturas elevadas, ya que la diferencia en gastos y mantenimientos es destacable. No olvidemos que un spa para 6-8 personas no suele tener una capacidad de agua mayor a 1 m3 aprox. En cambio, una piscina, pongamos de unas medidas mínimas razonables de 4X2 metros, seguramente supere los 10m3 de capacidad. No costará lo mismo mantener, por ejemplo, a 33ºC un m3 de un spa que más de 10m3 de una piscina de medidas reducidas, sin contar con el recambio de agua necesario por el deterioro producido.

Si lo que buscamos es que nuestros hijos puedan refrescarse, chapotear, bucear, saltar…lo habitual a ciertas edades, obviamente resulta más recomendable una piscina, ya que en un spa, resultará imposible. Si por el contrario lo que buscamos un espacio acuático de relax, con múltiples salidas de agua y aire, el spa será la opción idónea.

No hay que olvidar, que podemos tener un spa, sin necesidad de mantener el agua a temperaturas elevadas, con las salidas de agua y aire funcionando. Esto resultará divertido pero no cumplirá con el aspecto fundamental del spa, el terapéutico.

En definitiva, lo más importante es que tengamos claro qué es lo que buscamos de ese espacio acuático, ya que dependiendo de ello, será más un concepto u otro.

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